El desarme
Extracto
del artículo de José María Romera en El Correo.
Del cine a la realidad hay una
larga distancia. En las películas el desarme del malo se produce de una manera
muy simple. Cuando se ve acorralado levanta las manos, deja caer el revólver al
suelo y asunto terminado.
Pero en la realidad todo es más
complejo, y si no miren estos pobres etarras que al cabo de tres años de
abandono de la violencia no logran dar con el modo adecuado de liquidar sus
arsenales. Hasta ahora todo se ha reducido a una pantomima en la que dos
encapuchados hacían el paripé de sellar cuatro pistolas bajo las miradas de
circunstancias de unos llamados verificadores internacionales.
Dado el éxito de aquel video en
los círculos jocosos de internet, la experiencia no volvió a repetirse. Ahora
los verificadores vuelven a salir a escena para comunicarnos escuetamente que
la cosa sigue adelante.
Para no quedarse atrás, el
Gobierno vasco ha presentado su propio plan al respecto. Lo ha titulado nada
menos que “propuesta de procedimiento para un desarme rápido, viable y efectivo
con cobertura social, internacional e institucional. Un convoy inacabable de
palabras.
En el documento se percibe la
mano del director de Paz y Convivencia Jonan Fernández, propietario de un
estilo neobarroco. Donde el sentido común pide la disolución inmediata de la
banda y entrega de su armamento, el documento invita a seguir un laberíntico
itinerario con varios pasos, a cual más acrobático que más parece una garantía
de eternización que un plan de desatasco.
A este paso nuestros nietos
asistirán a un goteo de armas entregadas por ETA. Pero entretanto Urkullu y
Fernández se habrán convertido en protagonistas de la película. El resto ya
podemos esperar sentados, que hay desarme para rato.
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