miércoles, 16 de mayo de 2018

Europa debe resistir

Europa debe resistir


    • CÉSAR ANTONIO MOLINA
    • Extracto del artículo publicado en EL MUNDO (15 may. 2018)


Hay un retorno del viejo fascismo y del comunismo enmascarados en los populismos, además de un abandono en la fe democrática por parte de quienes la tendrían que defender. Los viejos fantasmas están resucitando y, si cabe, con más fuerza y con nuevas máscaras equívocas. Al descartar las humanidades en los planes de enseñanza, algo fundamental para comprender el mundo, el corazón humano, la sociedad y la civilización democrática, nos hemos entregado a una nueva barbarie.
El conocer y el saber exigía un aprendizaje, un ejemplo (la familia) y un esfuerzo que hoy no se proporciona. Y ese espacio vacío lo están ocupando los totalitarismos ideológicos, tecnológicos y económicos. Todo ello, paso a paso, conlleva la pérdida del espíritu democrático que nació y se desarrolló con fuerza en la confianza ilustrada, en el progreso humano, en la bondad natural, la racionalidad, las instituciones o los valores políticos y sociales de convivencia. Pero lo malo, y a veces lo peor, del ser humano retornó. Ha retornado con fuerza de virtud: la avaricia, el poder a toda costa, los deseos incontrolados, el interés personal sobre el colectivo, la irracionalidad reflejada en el miedo y la xenofobia. Porque uno de los mayores aliados de los sistemas totalitarios, hoy metamorfoseados en populismos es precisamente el miedo. Miedo a la crisis económica, miedo a la crisis social, miedo a la inseguridad, miedo a la inmigración, miedo de los ciudadanos a su orfandad, miedo a las guerras, miedo al progreso científico y pánico tecnológico a un ritmo por encima de la capacidad humana de asunción.
La democracia clásica está dando lugar a una "democracia de masas" regida por la ignorancia, el complejo de inferioridad (de ahí provienen fanatismos y sectarismos), el conformismo clientelar y, sobre todo, la frustración. Los totalitarismos de derechas o de izquierdas (tanto monta, monta tanto) siempre han estado latentes en el cuerpo vivo de la democracia de masas. Una carcoma lenta pero profunda. Los totalitarismos que traen las dictaduras, la violencia indiscriminada, el ocaso o eclipse de los valores morales, el retorno a una etapa precivilizatoria en la que se pone en tela de juicio lo que es la verdad, el bien común o la belleza.
La pérdida de los valores espirituales hace progresivamente desaparecer la moral, la cultura, el cultivo del espíritu, el cultivo del ser humano para elevarse por encima de los instintos y la naturaleza sanguinaria e irracional. Aquellos que permanecen esclavos de sus deseos, emociones, impulsos, temores o prejuicios, al margen de su intelecto educado, no pueden nunca llegar a ser libres. Pero ¿si no se les educa? El bien, el mal, la verdad, la mentira, la compasión y el amor son construcciones culturales que nos han auxiliado a convivir y avanzar.
Si el ser humano pierde su dignidad y se libera definitivamente de todo valor espiritual, exigirá que todos sus deseos sean satisfechos y, de no ser así, se convertirá en una fiera. Liberado de las creencias religiosas, de la cultura laica, del poder autoritario, entregado al progreso tecnológico, será ya más fiera furtiva que humano. La masa imbuida de ausencia de pensamiento no desea ser agobiada con valores intelectuales o espirituales, sino con realizaciones inmediatas que la satisfagan provisionalmente. Nada de complicaciones mentales, únicamente satisfacciones cotidianas.
La verdadera identidad de una persona no está determinada por los modos en que se distingue de los otros (dinero, poder, raza, sexo) sino precisamente por aquello que la vincula a sus semejantes (espíritu, verdad, belleza, paz). La igualdad ahora solo puede manifestarse en lo material: justicia social, igualdad de oportunidades, voto. A todo aquel que detenta saber y conocimiento se le denomina élite y esto se hace equivaler, inmediatamente, a algo antidemocrático contra lo cual se arroja resentimiento y rencor. La cultura social de masas se equipara por lo más bajo: menos exigencias educativas, odio hacia todo lo difícil, evaluaciones ficticias dado que todo el mundo tiene derecho a aprobar, sustitución del profesorado por máquinas, fobia a la memoria y a la retórica. Las élites eran, y aún son, los custodios de nuestros valores supremos, es decir, convivenciales.
Los judíos europeos fueron perseguidos y asesinados por los mismos motivos que hoy se esgrimen contra la cultura y los intelectuales: sus conocimientos y relevancia social, su cosmopolitismo antinacionalista, su espíritu crítico insobornable. Chivos expiatorios unos y otros. El deterioro de nuestra educación y nuestra cultura occidental y democrática es gravísimo y yo pienso que en muchos sentidos ya irrecuperable.
Rob Riemen en Para combatir esta era escribe que la socialdemocracia renunció a su derecho a existir en el momento en que dejó de estar preparada para luchar por el desarrollo moral y cultural de la población y al enfocarse solo en intereses materiales que alentaron resentimientos entre las gentes. Mientras, los conservadores estuvieron dispuestos a intercambiar, sin escrúpulo alguno, la defensa de los valores espirituales por la preservación de su propio poder, bajo el velo de la tradición y el orden social.
En la tradición judeocristiana, la libertad es la responsabilidad que tiene todo ser humano de ser lo que debe ser: una persona justa. . Pero la masa tiene miedo a la libertad, en el sentido del saber y del conocimiento. No, en cambio, a la libertad irracional en la que todo está permitido para la satisfacción de los instintos y deseos de manera violenta.
Europa debe resistir a los totalitarismos, fanatismos, sectarismos, falsas utopías, paraísos inalcanzables como los tecnológicos, el racismo. Pero debe reaccionar.
¿Hemos vuelto a la fuerza irracional frente al humanismo ilustrado y racionalista? 

César Antonio Molina es escritor, ex director del Instituto Cervantes y ex ministro de Cultura.

lunes, 14 de mayo de 2018

Gasolina para el pirómano


Gasolina para el pirómano



    • FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
    • El Mundo (14 mayo 2018)


De todas las fechorías, delitos y traiciones cometidas por Rajoy en su carrera política, el más grave es ese del que hoy se felicita, porque se larga de Cataluña dejándola al borde la guerra civil, pero fingiendo que ha cumplido con su deber, que al parecer era devolverla a la senda del golpismo que le llevó a reclamar el artículo 155 de la Constitución para no cumplirlo. Hoy, si la CUP no lo remedia, el Gobierno entregará todos los recursos materiales, policiales y económicos del Estado en Cataluña a un redomado racista que ya ha anunciado que reinstaurará la República, se ciscará en la Ley y perseguirá a los que la hayan cumplido, en la leve aplicación del 155. Millo, bolita de sebo que habla por la bolita de azufre que representa a Rajoy, ha dicho que cuando se invista "al que sea", o sea, al xenófobo racista Torra, "como se habrá culminado el 155, automáticamente el diálogo se retoma".
Total, que para el Gobierno de Rajoy, su partido, sus aliados sociatas, su socio peneuvista y el coro podemita del diario festival de Sextavisión, la culminación del 155 era devolver Cataluña al estado de insurrección que le obligó a aplicarlo, sin cerrar los medios de comunicación, disolver los Mozos y cortar los fondos públicos a la Generalidad y los golpistas del 1 de Octubre.
No sólo se ha perdido una ocasión histórica de cortar por lo sano el golpismo catalán, sino que se le asegura una total impunidad en el presente y el futuro, por supuesto extensible al pasado, porque no tengo la menor duda de que la estrategia del bloque rajoyano-separatista (soga-cordón sanitario contra Ciudadanos) será ofrecer la salida de los presos golpistas -como los etarras- a cambio de moderar sus gestos de desafío al Estado y de humillación a los españoles. O sea, que el Golpe no se note mucho, que hay elecciones. Y si gana Albert Rivera, ahí le dejo un regalito: cinco comunidades autónomas a punto de rebelión.
Si Torra hace lo que ha dicho, con la CUP y Puigdemont -y lo hará-, entregarle los recursos del Estado no será, como desde tiempos de Mas y según ha dejado claro el Supremo, financiar el Golpe, sino la guerra civil en Cataluña y la voladura del edificio constitucional en un par de años, los que tiene Rajoy para darle -con Urkullu y Sánchez- abundante gasolina al pirómano.
En rigor, el pirómano es Rajoy.


miércoles, 9 de mayo de 2018

Derrotada o indultada.

¿Derrotada o indultada?

    • ROGELIO ALONSO
    • Extracto del artículo publicado en EL MUNDO (4 de mayo de 2018)

Además de sus comandos clandestinos, el terrorista (etarra) ha contado con numerosos representantes civiles; y, junto a su aparato militar, ha dispuesto de otro político e ideológico. Derrotado policialmente, ¿no habrá salido, sin embargo, ganador en estos otros combates?, ETA no finaliza, pues su terrorismo no consistió sólo en esa violencia física que cesó en 2011, sino también en la psicológica y política que coaccionó y aterrorizó a ciudadanos no nacionalistas durante décadas y que todavía hoy condiciona sus vidas.
"Lo tenemos merecido", denunció Joseba Arregi tras el último comunicado etarra evidenciando la falacia de una derrota de ETA a la que las elites políticas han renunciado. El Estado ha desistido de aplicar la justicia política que la verdadera derrota de ETA exigía para merecer ese nombre. Se expresa solidaridad con las víctimas ignorando que fueron asesinadas para lograr metas políticas y que, por tanto, la justicia hacia ellas exige mucho más que indemnizaciones y promesas.
Este tramposo final de ETA llega a costa de la rehabilitación política y social del entorno terrorista, auténtico poder fáctico y cómplice necesario del terrorismo nacionalista. Así lo han querido quienes se vanaglorian de una derrota de ETA que constituye una mentira política “organizada".
La manida batalla del relato instrumentaliza la memoria con una política memorialística limitada a recordar las atrocidades y a reivindicar la injusticia de los crímenes, pero sin exigir la necesaria rendición de cuentas a los terroristas nacionalistas y a sus cómplices. Estos ya han recibido el perdón político y moral e incluso penal con numerosos crímenes impunes, utilizan la memoria como sustituto de la justicia para eludir sus "responsabilidades frente a las miserias actuales". Las consecuencias del terrorismo son blanqueadas incluso por algunos demócratas que abusan del sentimentalismo para vaciar de contenido político la violencia nacionalista, borrando cómo esta ha deformado el tejido político y social del País Vasco y Navarra.
La inacción de un Gobierno español que solo contrapone un eslogan: “ETA ha sido derrotada”. La realidad demuestra que se trata de un significante vacío con el que ocultar la dejación política que ha evitado una verdadera derrota del terror nacionalista. ETA puede reivindicar que, pese a no haber ganado, su "lucha no ha sido en balde". Esta es la derrota del vencedor que debería avergonzar a sus responsables. ETA ha conseguido que hablemos de sentimientos en lugar de hacer justicia a las víctimas, una justicia que necesariamente debe ser política. Se ha renunciado a una justicia política que interpela a los lobbistas de ETA y al nacionalismo representado por el PNV que obtuvo ventajas políticas, y que consolidó su poder gracias a la violencia contra los constitucionalistas. Hoy, en 194 ayuntamientos de mayoría nacionalista y solo 14 no nacionalistas, el PNV cuenta con 1018 concejales; Bildu, con 894; el PSE, con 196; y el PP, con 79.
Muchos demócratas ya han perdonado al terrorismo nacionalista su culpa política y moral. Con notable hipocresía rechazan los homenajes a etarras mientras se niegan a hacer cumplir dos leyes de víctimas, una nacional y otra autonómica, que los prohíbe expresamente. Incoherente resulta reivindicar la derrota de ETA cuando toleran rituales con los que los terroristas se desprenden simbólicamente de toda culpa, reforzando el esquema moral que justifica el terror mediante ese reconocimiento social y político. Así se impone el relato que culpabiliza a las víctimas y absuelve a ETA sin que quienes se declaran indignados hagan nada por impedir tamaña injusticia.