lunes, 25 de diciembre de 2023

La educación secundaria no cumple sus fines

 

La educación secundaria no cumple sus fines


José María Ugarte Alonso 

La enseñanza secundaria (ESO) constituye la vertebración del sistema educativo, su columna vertebral. En esta etapa, la de la adolescencia, se forja la personalidad del individuo. La actual enseñanza secundaria ha perdido una visión integral de la persona que sólo se adquiere con el conocimiento adquirido a través de los contenidos. A estos se les ha vaciado hasta límites insospechados. Los temas de historia son una caricatura. Y que decir de la marginalidad que se da a la filosofía, la ética, el arte y la cultura en general..


El raciocinio, el conocimiento y la memoria son elementos básicos, que están minusvalorados. En muchos centros no usan libros, indispensables para aprender a estudiar, memorizar, subrayar, hacer resúmenes y esquemas. Se prima una falsa modernización con las tabletas o Pcs que sólo debieran ser complementarios. Da pena ver a buen número de alumnos de 4º de la ESO que permanecen “estabulados” porque su capacitación intelectual no está a la altura establecida para ese nivel, sin abrirles, en ese mismo curso, la oportunidad de prepararles para una formación profesional básica más realista. El fracaso escolar es grande.


Otro grave problema es el que atañe a los docentes. Es necesario dotarles de autoridad. Términos como disciplina y esfuerzo están postergados. Se confunde la autoridad con la imposición. Igualmente se ha confundido la idea de igualdad. La única igualdad posible es la igualdad de derechos y oportunidades. La otra sencillamente no es posible, es una quimera, porque siempre habrá listos y torpes. Esperemos que vengan mejores tiempos que reviertan la actual situación.


miércoles, 20 de diciembre de 2023

La tríada oscura

 La tríada oscura


Alfonso Ussia (Extracto de El Debate 20-12-22023)

La tríada oscura la padecen –o disfrutan– aquellos poderosos que reúnen en su misma persona tres patologías. El maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía. Los tres rasgos, según los psiquiatras, que definen lo que calificamos en común como una mala persona.

Personas que, para mantener su poder, no dudan en manipular, traicionar, mentir, y saltarse cualquier principio ético con el único fin de conseguir sus más claros o nublados objetivos. Según los expertos, se trata de un patrón de conducta no patológico, y quienes lo presentan no tienen por qué estar enfermos o ser delincuentes, si bien, multitud de delincuentes de las altas esferas han alcanzado y mantenido sus espacios de poder gracias a la tríada oscura. Maquiavelos, narcisos y psicópatas.

En el maquiavelismo desarrollan sus carreras los cínicos, los que carecen de principios y valores, los manipuladores que usan a las personas de su entorno y colaboradores en la medida que éstos les promocionan, hasta llegar a ver a sus más íntimos y estrechos subordinados como simples instrumentos para lograr sus fines. Logrados y afirmados esos fines, aquellos que le ayudaron a conseguirlos se convierten en seres innecesarios y son depositados en la basura para siempre. Por lo tanto Cerdán, Pachi López, Simancas, Albares, Puente, Bolaños y compañía, ojo al dato.

El Narciso goza con su sentimiento de grandiosidad desmesurado, que en ocasiones es consecuencia de un inicial y turbador complejo de inferioridad. Disfrazado el complejo, el culto al «Yo» asciende como un cohete. «Yo, Mi Persona». Son, habitualmente, exhibicionistas de sus virtudes y encantos, y necesitan de la atención constante y admiración de su entorno. Si sus objetivos se tuercen, pueden acceder a la violencia, la ruptura de objetos al lanzarlos a las paredes, las broncas injustas, y los desprecios más acusados. Los narcisos con tríada oscura acostumbran a vestirse con ridiculez supina en pos de una elegancia que jamás han conocido.

Y los psicópatas son egoístas, dominantes, manipuladores, farsantes y sin empatía alguna hacia el sufrimiento humano. Violadores de reglas sociales y promesas dadas. Muy osados con el poder y muy cobardes cuando la tierra se mueve bajo sus pies o atisba que el poder se acerca a su fin. Para mantenerlo, está inmoralmente capacitado para pactar con lo peor para obtener lo mejor para él. Por un palacio gratis y un avión a la puerta, puede entregar un Estado.

Y a estas alturas de mi texto, me pregunto en quién habré estado pensando mientras lo escribía, y por mucho esfuerzo que hago no recuerdo su nombre, pero lo tengo en la punta de la lengua.


sábado, 2 de diciembre de 2023

Tribunal Constitucional y separación de poderes

 

Tribunal Constitucional y separación de poderes

Creo en la Constitución de 1978, pero siempre me han sorprendido dos fallos a mi entender preocupantes. El primero es la laxitud con el que se trata a la «Educación», dejando muy abierto un tema tan delicado, pasando a las comunidades autónomas su desarrollo. Dejo para otro momento comentar la preocupación que me merece este tema fundamental. Ahora mi queja se refiere al tratamiento que da nuestra Constitución a la separación de poderes e independencia judicial y su reflejo en el texto que trata sobre el Tribunal Constitucional. El artículo 159 recoge su composición. El él explica que lo forman 12 miembros. Cuatro a propuesta del Congreso por mayoría de 3/5 de sus miembros. Otros cuatro a propuesta del Senado con idéntica mayoría. Dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. Y digo: ¿cómo es posible entender la división de poderes cuando el propio texto constitucional faculta al Gobierno para nombrar a dos miembros del mencionado Tribunal? Y así estamos con dos miembros «contaminados» por su pasado gubernamental. Esto no encaja con lo que se entiende por independencia judicial y división de poderes.

José María Ugarte Alonso (El Debate 29-11-2023)

Demogracia

 Demogracia


Este es el término que mejor encaja en lo que apunta ser una próxima democracia fallida, si alguien no lo remedia antes. Y digo fallida porque no se puede llamar democracia a un sistema político donde la división de poderes, en crisis, está seriamente amenazada. La independencia judicial no está garantizada al estar en manos del sectarismo de los partidos políticos. Situación grave.

¿Cómo es posible hablar de independencia judicial cuando el nombramiento de jueces, en buena medida, se hace en función de cuotas asignadas a los partidos políticos? ¿Qué es esto de oir hablar a ciertos políticos con alta responsabilidad de «nuestros jueces, sus jueces» y terminología semejante? Ya la división al uso entre jueces conservadores y progresistas es un pésimo síntoma. ¿Desde cuándo en un tribunal de garantías como es el Tribunal Constitucional se nombra a miembros que pertenecieron al actual Gobierno o estuvieron seriamente comprometidos con él? ¿Es esto democracia? Me hace gracia. Y pensar que todavía hay «Cándidos» que lo creen. Este no es el camino.

José María Ugarte Alonso (El Debate 12-11-2023)