miércoles, 20 de septiembre de 2023

La desilusión con los partidos políticos españoles

 La desilusión con los partidos políticos españoles.

José María Ugarte Alonso (El Debate 19-9-2023)

No tiene suerte España con los partidos que participan en su vida pública. Unos por acción y otros por omisión no están a la altura de un país serio. Toda una desilusión. Repasemos el panorama de los principales.

A la izquierda extrema están las formaciones antisistema como Sumar, incluido el partido comunista. Su talante demagógico y populista hace a sus propuestas maximalistas poco realistas y destructivas. Los partidos nacionalistas, con su animadversión a España, trabajan por su división y, en su imaginario, a favor de la independencia de los territorios a los que representan. El partido socialista, todavía llamado PSOE, está atado a los partidos de extrema izquierda y nacionalistas que necesita para gobernar. Cada vez es más evidente su traición al espíritu de la Constitución de 1978, minándola desde dentro, y dibujando un proyecto de otra España que sea republicana, confederal y con derecho de autodeterminación. Respecto al Partido Popular, su desorientación es evidente. Sus actuaciones últimas en Extremadura y Murcia mueven a pensar que no tiene clara una línea de actuación coherente. Su relación con Vox, partido que necesitarían para gobernar, es penosa. Finalmente, le toca el turno a Vox. Basta decir que a un partido al que se le van dos de sus principales referentes como Iván de Espinosa y Macarena Olona indica como bajan de revueltas y turbias sus aguas. Y me pregunto: ¿dónde están los asesores de todos estos partidos?

Y ante este panorama ¿qué hace el pueblo español? Sesteando en “democracia”. Ya lo dice el poeta: “Esta democracia, ¡me hace gracia!/semejante candidez/más parece estupidez/pues es de sobra sabido/que a un pais adormilado/por más que le cambies de lado/ todo le importa un pito”. Esperemos que la siesta termine el próximo 8 de octubre.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Conciencia y ética

 Conciencia y ética

La conciencia está guiada por la ética. La ética nos informa sobre los principios que delimitan el bien y el mal. Por tanto, la ética ilumina nuestra conciencia. Pero, nuestra conciencia puede estar contaminada por el mal. En cambio, el bien nos orienta hacia la virtud y nos lleva a practicar una conducta sana en todos los ámbitos de la vida. La conciencia necesita del discernimiento para diferenciar el bien del mal.

Puede haber conciencias buenas o malas. Y esto tiene que ver tanto a nivel individual como con la conducta seguida en la vida social o política. Una persona debe ser consecuente con lo que le guía su conciencia. Si esta es una conciencia buena se dice que se comporta de una manera digna. En caso contrario, lo hará indignamente. Y si encima no es consecuente con sus actos además será un hipócrita.

Sócrates es considerado el padre de la ética, aunque fue Aristóteles el que le dió forma en su “Ética para Nicodemo”.

La ética universal a seguir en nuestros días está plasmada en la declaración de los derechos humanos reconocidos por la ONU. Estos derechos están influídos por la herencia que ha ido forjando el cristianismo a lo largo de los siglos.

Por su parte la ética cristiana se materializa, en lo que considera como virtudes y defectos o pecados a evitar, en los diez mandamientos, que guían las conductas sociales, y en los 7 pecados capitales y sus virtudes correspondientes, que lo hacen con las condustas individuales.

El que no sabe distinguir el bien del mal se conduce de una manera amoral, más le valiera no haber nacido.


José Bidaria

domingo, 10 de septiembre de 2023

Dignidad e ideología

 Dignidad e ideología


José María Ugarte (carta publicada en El Debate el 10-9-2023)


La categoría moral de una persona se demuestra cuando sus actos son consecuentes con su conciencia. Decimos entonces que esa persona se comporta con dignidad.

Por eso, en el mundo de la política, a la hora de votar debemos de ser consecuentes con nuestra propia conciencia. Esto nos aboca, a veces, a un verdadero dilema: tener que elegir entre lo que nos dice nuestra conciencia y las propuestas concretas de determinadas ideologías.

Viene este comentario a cuento de dos formas de comportamiento que hemos podido observar estos días. En un primer caso me voy a referir a Nicolás Redondo Terreros. Leí con verdadera satisfacción su artículo “Dignidad” en el que nos daba una verdadera lección de ser consecuente consigo mismo, priorizando su propia dignidad a la ideología que defendía su antiguo partido por apartarse éste de las ideas que él había defendido toda su vida, en especial en el asunto de la amnistía que se está considerando conceder a los conspiradores catalanes.

Caso muy diferente es el mostrado por las conductas seguidas en la última elección por Felipe González y Alfonso Guerra al haber declarado ambos que han seguido votando a su antiguo partido a pesar de que ellos consideraban errática la conducta que se estaba siguiendo. Aquí vemos como la ideología les ha podido más que la defensa de su propia dignidad. Lamentable.