viernes, 14 de junio de 2019

Una bomba de relojería


Una bomba de relojería

José Bidaria (12/4/2019)

El tema político más importante que tiene España hoy es la defensa de su unidad política garantizada por el artículo 2 de su Constitución. En él se determina que el sujeto político de la soberanía nacional es el pueblo español en su conjunto. Este artículo es cuestionado por los nacionalismos catalán y vasco principalmente que tratan de soslayarlo sistemáticamente en el día a día de su acción política.

Así pues, las posiciones están divididas entre los partidos políticos constitucionalistas, defensores de la titularidad única e indivisible de la soberanía nacional que radica en el conjunto del pueblo español y aquellos que creen que las Comunidades Autónomas deberían tener derecho de autodeterminación o lo que es lo mismo derecho a la independencia.

Lo insólito de todo ello es ver que, cuando gobiernan, los partidos que defienden la Constitución se limitan a proclamar la defensa de la soberanía del pueblo español, sin atajar de raíz las continuas provocaciones que están llevando a cabo los partidos nacionalistas, creyendo que mientras se mantenga la situación en los límites actuales no pasará la cosa a mayores, y que será cuestión de conllevarlo.

Lamentablemente, la realidad es muy diferente, pues no caen en la cuenta los defensores de esa postura que ese derecho soberano del conjunto del pueblo español, reconocido en la Constitución, está minado en su misma raíz, ante la existencia de dos cargas de profundidad, recogidas en los Estatutos de Autonomía y en la propia Constitución, a saber: la competencia asignada a esas Comunidades Autónomas en materia de educación y en la titularidad de los medios de comunicación públicos, gestionadas por el gobierno de turno y de manera muy especial las televisiones públicas. Ello hará posible que, tarde o temprano, inexorablemente, las posiciones nacionalistas-separatistas triunfen allí donde formen gobierno. Es cuestión de tiempo. Me explicaré.

Cuando un gobierno nacionalista tiene en sus manos la posibilidad de adoctrinar a su población, la ejercerá de forma sistemática, y es difícil que la población escape a ese señuelo. Es una ley sociológica incuestionable. Se necesitaría una acción de gobierno y una legislación más eficaz para evitarlo. Es exactamente lo que está ocurriendo en España desde hace 40 años. Así se explica porqué el nacionalismo-separatismo está creciendo inexorablemente en Cataluña y País Vasco. El hecho de que en estas dos Comunidades Autónomas haya aumentado el sentimiento nacionalista-separatista en estos últimos cuarenta años, sólo se puede explicar por la permisividad en el sistemático adoctrinamiento que se está llevando a cabo en la educación y en los medios de comunicación públicos, contrarios al espíritu de la Constitución, arrinconando el castellano en todos los órdenes, adoctrinando en el rechazo al diferente, creando un sectarismo que fomenta un agravio hacia todo lo español y creando un abismo entre la propia población.

Es preciso reconocer que poner en manos de estos gobiernos autonómicos la educación y la titularidad de los medios de comunicación públicos, sin ningún control efectivo, y ante la inoperancia de los Gobiernos Centrales, permitiendo que los utilicen de manera sectaria, es una verdadera bomba de relojería que explotará tarde o temprano de forma inexorable. No se necesitan “golpes de estado” como el intentado en Cataluña, basta esperar. El tiempo ya se está encargando de demostrarlo. Las bases de un suicidio colectivo están puestas. ¿Reaccionarán los partidos políticos, tomando las medidas adecuadas para encauzar eficazmente este grave problema? Hoy por hoy nadie se atreve a tomar medidas y así vamos al abismo. De seguir así, sólo se conseguirá la voladura del Estado actual. ¿Lo consentirá la sociedad española? Esa es la gran cuestión.

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